Archivo por meses: Mayo 2014

Obras de arte citadas por su autor, en mayúscula y sin resalte

Recomendación urgente del día

Cuando el nombre de un artista se aplica a sus obras de creación, se mantiene la mayúscula y no son necesarias cursivas ni comillas: un Van Gogh, un Mondrian, dos Picassos…

Sin embargo, en los medios de comunicación es habitual encontrar frases como «Hacienda descubre un ‘van gogh’ en la caja de seguridad de un defraudador», «Un ‘mondrian’ que quiere ser el más caro del mundo» o «Los multimillonarios chinos, adictos a los ‘picassos’, los ‘dalís’ y los ‘mirós’».

Aunque en estos casos funcionan como sustantivos comunes, la Ortografía de la lengua española señala que «Cuando el nombre de un autor, sea completo, sea solo el apellido, se utiliza para designar cada una de sus obras, debe mantenerse la mayúscula del antropónimo». En los ejemplos con que se ilustra esta norma, no se emplea resalte tipográfico alguno.

Así pues, en las frases anteriores habría sido preferible escribir «Hacienda descubre un Van Gogh en la caja de seguridad de un defraudador», «Un Mondrian que quiere ser el más caro del mundo» o «Los multimillonarios chinos, adictos a los Picassos, los Dalís y los Mirós».

Fuente: Fundeu

Interrogación y exclamación. Uso de los signos ortográficos

Ante las dudas que se plantean a menudo con respecto a los signos de interrogación y exclamación, así como acerca del empleo de las mayúsculas en las preguntas e interjecciones, se ofrece una serie de claves sobre su ortografía:

1. En español las preguntas directas y las exclamaciones requieren dos signos: el de apertura y el de cierre. Se considera falta de ortografía omitir el signo de apertura, aunque sí es válido escribir solo el de cierre entre paréntesis para mostrar extrañeza «(?)» y sorpresa «(!)».

2. La pregunta o la interjección puede ir seguida de otro signo de puntuación: «La ciencia y la técnica, ¿quién lo duda?, necesariamente progresan». Si no va seguida inmediatamente de otro signo porque coincide con el final de la oración, se sobrentiende que hay un punto, que no se escribe tras la interrogación o la exclamación de cierre: «¿Cuál es el futuro del juez en excedencia? La primera opción es convertirse en europarlamentario» (y no «… en excedencia?. La primera…»).

3. Las mayúsculas y las minúsculas son las que corresponden a la oración en la que está la pregunta. En particular, cuando el comienzo de esta no coincide con el de la frase, lo apropiado es la minúscula: «Siempre se plantea la misma duda: ¿qué comer?», «Pero ¿cuál es su futuro?».

4. Cuando se yuxtaponen varias preguntas, estas puede ir separadas por los signos de coma, punto y coma, punto o incluso dos puntos, según se considere más apropiado, aplicando la mayúscula y la minúscula como corresponda: «¿Cómo lo hizo? ¿Cuándo?», «¿Cómo lo hizo?; ¿cuándo?» o «¿Cómo lo hizo?, ¿cuándo?».

5. Por la misma razón, en citas directas se siguen las pautas ortográficas que les son propias: mayúscula inicial y punto tras las comillas (este ejemplo está en cursiva y no entrecomillado para que se vea la puntuación): El papa le preguntó: «¿Cómo está Cristina?».

6. Se pueden repetir los signos como énfasis, recurso que es habitual en la prensa deportiva: «¡¡¡Olé!!!». También se pueden combinar los de interrogación con los de exclamación: «¿¡Entró!?» o «¡¿Entró?!»; los signos de cierre han de ser simétricos con los de apertura, por lo que no son apropiadas las grafías «¡Olé!!!», ¿¡Entró?!» ni «¡¿Entró!?», aunque sí se considera válido abrir solo con exclamaciones y cerrar solo con interrogaciones o a la inversa: «¡¡Entró??», «¿¿Entró!!».

7. Se recuerda finalmente que la acentuación de las voces qué, cómo, cuál, dónde, cuándo, etc., depende de si tienen sentido interrogativo o exclamativo y no del mero hecho de que estén en un pregunta directa o una interjección: «¿Que ha perdido en la bolsa? Le explicamos en qué invertir ahora».

Fuente: Fundeu

Internet: claves para una mejor redacción

Con motivo del Día de Internet, que se celebra el 17 de mayo, repasamos algunos extranjerismos muy utilizados en internet que tienen alternativas en español, así como algunos términos que plantean dudas en cuanto a su escritura:

1. Cloud computing, en español, se denomina computación en nube.

2. Hacer clic, clicar y cliquear son tres formas adecuadas para indicar la presión o golpe que se hace con el ratón del computador, en lugar de la voz inglesa click.

3. Medios sociales es el equivalente recomendado a la expresión inglesa social media.

4. Anonimizar es un verbo correctamente formado para referirse a la acción de ocultar una identidad.

5. El prefijo ciber- se escribe unido a la palabra a la que acompaña: ciberataque, cibercomercio, etc.

6. SOPA, sigla de Stop Online Piracy Act, se escribe con mayúsculas y sin puntos.

7. Blogbloguero bloguear son términos adecuados en español.

8. Link tiene traducción: enlace o vínculo.

9. El plural de web es webs.

10. Usabilidad, que en diseño y programación es un atributo de calidad que evalúa la facilidad de uso de las webs, es un término adecuado y bien formado en español.

11. Banear, como la acción de restringir o bloquear el acceso de un usuario, puede traducirse por verbos como bloquearsuspenderprohibir o restringir.

12. Acechar, espiar, husmear o acosar son alternativas preferibles a stalkear.

13. La palabra inglesa password tiene como equivalente en español contraseña.

14. Bot es un acortamiento válido en español para referirse al ‘programa que recorre la red llevando a cabo tareas concretas, sobre todo creando índices de los contenidos de los sitios’.

15. El término wifi es válido y puede ser masculino o femenino: el wifi o la wifi.

16. Online puede traducirse por conectado, digital, electrónico, en internet o en línea.

17. Las puntocoms, en redonda, en una sola palabra y con plural terminado en s, es la forma adecuada de referirse a las empresas que desarrollan su actividad principal en internet.

18. Seminario web es una alternativa apropiada para el anglicismo webinar.

19. Emisión en directo o en continuo, según los casos, son alternativas válidas a streaming.

Transexual y Travesti no son lo mismo

Un transexual es una persona que se siente del sexo opuesto a aquel con el que ha nacido, mientras que un travesti es alguien que se viste con ropas del sexo contrario.

El Diccionario del estudiante, de la Real Academia Española, define transexual como una ‘persona que se siente del sexo opuesto, viste y se comporta en consecuencia y aspira a adquirir o ha adquirido los caracteres físicos correspondientes mediante tratamiento hormonal o intervención quirúrgica’.

Un travesti, de acuerdo con el mismo diccionario, es una ‘persona que, por inclinación natural o como parte de un espectáculo, se viste con ropas del sexo contrario’. El Diccionario del sexo y el erotismo, de Félix Rodríguez, precisa que se trata generalmente de hombres que se disfrazan y adoptan los ademanes del sexo contrario.

Ese mismo diccionario define transformista como el artista ‘que cambia de atuendo y adopta ademanes del sexo contrario en un espectáculo’ de modo que ‘se transforma’ en otra persona: ‘en un personaje al que imita o bien en otro de creación propia’.

El Diccionario panhispánico de dudas señala que son válidas tanto la forma aguda travestí, acorde con la pronunciación original en francés, como la llana travesti, que es la mayoritaria actualmente, y señala que, aunque menos, también se usa el término travestido. Añade que, aunque se emplea generalmente referida a hombres, es común en cuanto al género (un/una travesti).

La palabra transexual es, desde el punto de vista lingüístico, común en cuanto al género (el/la transexual). Las organizaciones defensoras de ese colectivo consideran que lo adecuado es referirse a los transexuales con el género correspondiente al sexo con el que se identifican. Así, para referirse a una persona nacida con sexo biológico masculino, pero que se siente mujer (haya pasado o no por un proceso de reasignación de género), lo apropiado es emplear el femenino, y viceversa.

Fuente: FUNDEU

Los jugadores se entrenan o entrenan

El verbo entrenar, con el significado de ‘ejercitarse para practicar una actividad, especialmente un deporte, puede construirse con el pronombre se («El jugador se entrenó con normalidad») o sin él («El jugador entrenó con normalidad»).

En los medios de comunicación es muy habitual encontrar frases como «Modric no entrenó con el resto del grupo», «Juan Carlos Navarro entrenó con normalidad» o «Thorpe entrenó y entrenó hasta que en agosto del año pasado una lesión de hombro lo obligó a retirarse definitivamente».

De acuerdo con el Diccionario panhispánico de dudasentrenar, como transitivo, es ‘preparar a personas o animales en una práctica, especialmente deportiva’, esto es, apunta a la labor que lleva a cabo un entrenador; mientras que resulta más adecuado escribir que los jugadores o los equipos se entrenan, con se.

No obstante, aunque recomienda mantener el uso distinto y especializado de estas dos formas verbales, esta misma obra considera admisible la forma sin el pronombre se y reconoce que su uso se va imponiendo en la actualidad.

Así pues, todos los ejemplos anteriores pueden considerarse válidos, si bien la Academia considera preferible escribir «Modric no se entrenó con el resto del grupo», «Juan Carlos Navarro se entrenó con normalidad» y «Thorpe se entrenó y se entrenó hasta que en agosto del año pasado una lesión de hombro lo obligó a retirarse definitivamente».

Fuente: Fundeu

Los nombres y sus secretos

¡Oh, la antroponimia!, minúscula pesadilla y hobbie de las madres primerizas, breve oportunidad de convertirnos en pequeños creadores, nuevo motivo de disputas con el esposo o la suegra, nombrar a nuestros futuros bebés. En el acto de nominar, con todo lo que psicológica, cultural, y hasta filosóficamente conlleva, se asumen actitudes lingüísticas muy interesantes. Según antropólogos, se tiende a elegir la referencia a elementos que funcionen como atributos positivos, como una especie de ritual que acerca al apelado a las propiedades positivas que su nombre-amuleto implica. Abundarán entonces los nombres parecidos a sus tiempos, a sus padres, a la serie televisiva de turno, a los dioses adorados en el panteón familiar, a las frustraciones de un progenitor, al libro que nos marcó en la adolescencia, o sabe Dios a cuántas cosas más.
Una cosa es cierta, y pocas veces se repara en ella: se sabe más de una cultura o de una comunidad lingüística por los nombres que da a sus hijos que por muchas otras actitudes. Así, nombrar las cosas, pero también a las personas, será un fiel testimonio de un momento histórico, de una etapa de la lengua.
En nuestro tiempo de colonia española, por ejemplo, los nombres de divinidades católicas inundaban los registros, evidenciando la primacía de una cultura “dominante” sobre otra “sometida”, pues no era muy común hallar a personas llamadas Oshún, Osaín o Yemayá, mucho menos con algún nombre indígena. Sin embargo, llovían los Miguel y los Gabriel, o aquellos de origen grecolatino como las Minerva y los Narciso. La resistencia, de cualquier modo, se evidenció no solo en hechos históricos y del arte, sino también en nombres que conjugaban los orígenes europeos con los elementos culturales de lo caribeño, lo africano o lo ya cubano, así, no era extraño hallar más tarde y hasta los días de hoy, a las sempiternas María de la Caridad, o las más actuales Yumisisleydis de la Caridad. En tiempos más cercanos, las influencias culturales de Norteamérica, y, si se quiere ser un poco más analíticos, hasta la tendencia globalizante y su consecuente deculturación, “florece” unas veces de modo más feliz que otras, en nombrecitos como los españolizados o libremente versionados de Mélanis (así, con tilde, “i” latina y “s”); Mélodi; Katherine (con frecuencia mencionando la “e” final); Brian, usualmente modificado a Brayan — la nostalgia por los Backstreet boys, por cierto, ha dejado unos cuantos Kevin y Brayan—, mientras el auge de una cultura protestante en el plano de lo religioso se evidencia, más allá de los estudios sociológicos de corrientes religiosas, en cientos de niños que hoy llevan nombres bíblicos como Elías, David, o un jovencito que hace poco conociera, cargando, por cierto, un atlántico peso sobre sus espaldas, al ser llamado nada menos que Pablo Mateo, ¡uff!
Andando el tiempo, junto a bebés de piel tostada y ojos claros, llegarían también las Katiuska y los Alexander, para dejar recuerdo de las relaciones con la URSS.
El experimentado lingüista cubano Sergio Valdés Bernal ha detectado en el Español de Cuba fuentes tan diversas como la árabe, la china, o la de origen indígena de las culturas prehispánicas de América en nuestro léxico en general, junto a otras más conocidas, así que no asombraría saber, a través de estudios rigurosos, académicamente pautados, de nombres que traen hasta nuestros días culturas aparentemente tan lejanas como las sajonas europeas -de ello parece dar fe mi amigo Rodian, orgulloso de la exclusividad de su nombre–, y tal vez no sería erróneo esperar con paciencia los efectos de la ola coreana más reciente… ¿deberíamos esperar por bebitos llamados King Trae Soon? Sería interesante pensar, de paso, en las diferencias de la antroponimia antes de la revolución tecnológica y comunicativa, cuando las culturas locales y nacionales eran más herméticas e identificables, y desde que el mundo es menos compartimentado y la aldea abre sus puertas al resto del planeta, a veces al precio de su propia tradición, todo lo cual queda registrado también allí, en los nombres.
También se deja evidencia en las tendencias antroponímicas de los niveles de educación e instrucción, pues no son poco conocidos los casos en que, por falta de información, se ha nombrado a los pequeños con nombres de marcas comerciales como Toyota, o con términos no conocidos de otras lenguas, como Meybi, deformación por etimología popular de “maybe”: “quizás” en Inglés…
No sería posible abarcar de un vistazo todo cuanto nutre nuestra antroponimia y cuánto aporta ella a la vez, humilde receptáculo de nuestras culturas y experiencias. Nuestros descendientes, y nosotros en nuestro momento, llevamos la identidad cultural y las especificidades de nuestra historia personal, familiar, colectiva, como ciudadanos de nuestro pedacito y del mundo, también en nuestros nombres, granos de maíz en los que cabe todo un universo. Lección de humildad de la Lengua, sin embargo, no evidenciamos mucho por separado, ¡ah!, pero cuánto dice de la cultura cubana hallar, en el cúmulo multicolor de miles de nombres, el mágico crisol de la antroponimia, revelando nuestro camino individual y a la vez el trayecto común, mucho más sutilmente que libros de historia o estudios antropológicos, las pequeñas piezas de los nombres mostrarán el rompecabezas de nuestro carácter mestizo.
Y si miles de años en el futuro, alguna vida inteligente hallara, en una bitácora, el resto de la raza humana para reconstruir nuestra historia, estarían allí, entre los monumentos literarios y artísticos, entre el patrimonio objetual y las fórmulas einstenianas, con toda dignidad, un registro de nuestros nombres.

Curiosidad:
Algunos nombrecitos raros de Cuba, para pensar y reír: Santoral Aldorso, Usnavy (o sea, U.S. Navy, marina de los Estados Unidos), Yotuel (yo tú él), January (enero), Danger (peligro)…  Anímese a comentarnos otros.

Autora: Iris Oropesa Mecías. Filóloga.