Puntos suspensivos, claves para un uso adecuado

Recomendación urgente del día

Ante las dudas que se plantean a menudo respecto al uso de los puntos suspensivos, a continuación se ofrece un decálogo sobre las normas ortográficas de este signo de puntuación:

1. Los puntos suspensivos son tres y nada más que tres, aunque en las ortografías académicas antiguas este signo estuviera formado por un número indefinido de puntos.

2. Cuando los puntos suspensivos coinciden con el final de la frase, no se añade el punto de cierre (siguen siendo tres) y la siguiente palabra, al pertenecer a una oración distinta, se escribirá con mayúscula: «Este fin de semana iremos a… Mírame, que estoy hablando contigo»; mientras que se escribirá minúscula si continúa la oración precedente: «Este fin de semana iremos… ¡a casa de los primos!».

3. La palabra posterior a unos puntos suspensivos va separada de estos por un espacio, mientras que la palabra precedente va pegada: «La sorpresa de público y crítica ha sido… Ocho apellidos vascos», y no «La sorpresa de público y crítica ha sido …Ocho apellidos vascos».

4. Después de los puntos suspensivos puede o no haber otro signo de puntuación posterior (salvo el punto), que de existir nunca se coloca antes de los puntos suspensivos: «Me encantaría ir…, pero no creo que vaya a poder», donde no habría sido adecuado «Me encantaría ir,… pero no creo que vaya a poder».

5. Las oraciones con puntos suspensivos se puntúan igual que si estos no aparecieran, esto es, en «Me encantaría ir…, pero no creo que vaya a poder» se escribe la misma coma que si no hubiese puntos suspensivos, y en «Se observa un aumento de turistas franceses, italianos, alemanes…: crece el turismo de habitantes europeos, en resumen», se emplean los dos puntos característicos para introducir la conclusión de lo antedicho.

6. Los puntos suspensivos no se escriben antes ni después de etcétera ni de su abreviatura etc., pues dicha combinación resulta redundante.

Fuente: Fundeu

Coincidencias históricas

Algo significativo para la historia es que un CUBANO y un ARGENTINO hayan llegado a este mundo un 14 de junio, en siglos diferentes, y que entre ellos coincidan muchas cosas.
Antonio Maceo Grajales, el Titán de Bronce, nació en 1845. Cubano de pura cepa entregó su vida a la causa libertadora de su Patria. Peleó contra el colonialismo español en las guerras del 68 y del 95. Con la Protesta de Baraguá puso en alto la dignidad y el espíritu de resistencia del pueblo cubano al no aceptar una paz sin independencia.
Ernesto Che Guevara, el Guerrillero Heroico, nació en 1928. Un argentino que se unió a la expedición del Granma en México, para luchar en Cuba contra una dictadura que respondía a los intereses del Gobierno de EE.UU. e iniciar así su andar hacia la libertad de los oprimidos.
Incuestionables estrategas militares.
En 1895, el Lugarteniente General del Ejército Libertador, y en 1958, el Comandante del Ejército Rebelde, llevaron a cabo -y con éxito- la invasión a Occidente, en condiciones extremadamente difíciles y contra tropas muy superiores en armamentos y sustentos.
La primera, considerada por muchos especialistas y militares de la época como el hecho de armas más audaz de la centuria, inspiró a Fidel, 63 años después, a repetir la hazaña con dos columnas del Ejército Rebelde. La batalla librada en la ciudad de Santa Clara y el descarrilamiento del tren blindado, dirigidos por el Che, resultaron decisivos para la caída del régimen de Batista. Si la del siglo XIX cubrió de gloria a los patriotas cubanos y demostró al mundo la verdadera causa por la cual combatieron durante tres decenios, la del XX profundizaba en la conciencia revolucionaria de los cubanos, unificaba a los combatientes y corroboraba la certeza del pensamiento estratégico-militar del líder de la Revolución.
En el campo de batalla, tanto Maceo como el Che fueron de los más temidos por el enemigo. Uno buen jinete y diestro en el esgrima del machete y en la defensa personal. El otro, a quien ni el asma hizo flaquear su carácter, su deber ni su espíritu quijotesco. Prestigio, ímpetu, bravura, intransigencia, valentía, coraje, inteligencia, disciplina, sentido de la responsabilidad y lealtad protagonizaron cada escenario de sus hazañas militares.
Si Antonio Maceo fue el cubano más conocido en América Latina, en la segunda mitad del siglo XIX, y, como dijera nuestro José Martí, tenía tanta fuerza en la mente como en el brazo; la imagen del Che es hoy bandera de lucha que está presente en cada causa justa que se defiende en cualquier rincón de este mundo. El triunfo de la Revolución Cubana le dio la oportunidad de mostrar también sus dotes de estadista y dirigente político, de constructor de la nueva sociedad, basado siempre en el ejemplo personal y la autoridad moral.
El hijo natural de Rosario revivió en las selvas del Congo y en suelo boliviano, los sentimientos antirracista, latinoamericanista, internacionalista y antiimperialista, del hijo de Santiago de Cuba al manifestar que: “Cuando Cuba sea independiente solicitaré al Gobierno constituya permiso para hacer la libertad de Puerto Rico, pues no me gustaría entregar la espada dejando esclava esa porción de América…”.
Fecha que compromete.
Hoy, el imperialismo nos amenaza. Cuba es víctima de manipulación y tergiversación, sufre la maquinaria mediática más poderosa de todos los tiempos: No se habla de nuestros éxitos en medio de un férreo bloqueo económico, financiero y comercial de más de 50 años; de los miles de colaboradores cubanos que por todo el mundo salvan vidas o enseñan a leer y escribir; de las muestras de solidaridad y de respeto de muchas personas honestas del planeta. Se desacredita al Comandante en Jefe Fidel Castro, a él que ha puesto a este pequeño archipiélago en el eslabón más alto de la dignidad humana. Se apoyan actividades subversivas para desestabilizar el país, como la red ilegal ZunZuneo, y, sin embargo, nos bloquea el 60 por ciento de los servicios en la Web. Se protege a grupos violentos en las mismas calles de Miami, como a Luis Posada Carriles, quien organizó el derribo de un vuelo de Cubana de Aviación en pleno viaje, entre otras acciones terroristas.
En el mundo crece la crisis capitalista, mandan las transnacionales, se imponen las guerras y las intervenciones para adueñarse de los recursos naturales y ejercer la hegemonía política y económica, se desestabilizan Gobiernos democráticos, se violan los derechos humanos, se pierden los empleos y el derecho a la salud, la educación y la cultura; el deporte se monopoliza.
En el siglo XXI, el imperialismo sigue siendo el mismo; pero el mundo ha cambiado. En América Latina se consolida una verdadera unidad y solidaridad entre los pueblos, una evidente voluntad de progreso social y económico, un sincero deseo de justicia e igualdad, un inquebrantable sentimiento antiimperialista, una auténtica disposición a mantener relaciones de colaboración y respeto con todas las naciones, y especialmente con las del Tercer Mundo.
Por eso es que no podemos renunciar al Hombre Nuevo, a ese que el Che llamó el hombre del siglo XXI: “…Su gran sensibilidad ante todos los problemas; su sensibilidad frente a la injusticia; su espíritu inconforme cada vez que surge algo que está mal, lo haya dicho quien lo haya dicho; plantearse todo lo que no se entienda; discutir y pedir aclaraciones de lo que no esté claro; declararle la guerra al formalismo, a todos los tipos de formalismo; estar siempre abiertos a recibir las nuevas experiencias, para conformar la gran experiencia de la humanidad, que lleva muchos años avanzando por la senda del socialismo, a las condiciones concretas de nuestro país, a las realidades que existen en Cuba; y pensar, todos y cada uno, cómo ir cambiando la realidad, cómo ir mejorándola” 1.

El Hombre del siglo XXI no es una utopía
El Hombre Nuevo nace de la obra inspiradora del eterno Comandante Hugo Chávez: la Revolución Bolivariana, una Revolución radical, humana e integracionista, atacada sin tregua con campañas desestabilizadoras por la oposición, que con su ambición de poder no tolera los logros económicos y sociales del Gobierno encabezado por Nicolás Maduro, ni el respaldo popular y masivo, ni la unidad, ni una fuerza militar identificada con su pueblo, y sigue ahí enfrentándose con inteligencia y fuerza.
El Hombre Nuevo se forma con el ejemplo de valentía, dignidad y resistencia de los Cinco Héroes Cubanos. Hay que tratar de llegar por los medios posibles a todos los hogares, para que se conozca que todavía quedan tres cubanos presos en Estados Unidos porque defendían la tranquilidad de las familias cubanas al monitorear a grupos en Miami que cometían actos terroristas contra su Patria y que el Gobierno de ese país lo permitía.2
El cubano de hoy ha de continuar trabajando y mejorando nuestro proyecto social, con sentido del deber y responsabilidad; ha de combatir cualquier manifestación de egoísmo y corrupción; ha “de sentir en lo más hondo cualquier injusticia cometida contra cualquiera en cualquier parte del mundo” 3, para que germinen valores, sentimientos y principios que defiendan un mundo de paz, bienestar e igualdad para todos. En esta hora está el mañana.

1 Discurso en ocasión del segundo aniversario de la integración del movimiento juvenil cubano ante  los miembros de la Unión de Jóvenes Comunistas.
2 Precisamente en este mes también cumplieron años Gerardo, el día 3, y Ramón, el 9, quien el 2 de junio cumplió 22 años de casado con Elizabeth.
3 Carta de despedida del Che a sus hijos.

Autora: Lic. Camila Martínez Fernández

Uso y abuso de la preposición DESDE

En ocasiones, se hace un uso abusivo de la preposición desde para indicar mera ubicación, y no origen, y se relega en, que es la más adecuada para estos casos.

En los medios de comunicación es habitual encontrar frases como «Más de 400 jóvenes europeos analizan desde Berlín las consecuencias de…», «Desde el Gobierno se insiste en que no hay argumentos para…» o «Desde Zarzuela aseguran que no prescindirán de…».

Según el Diccionario académico, desde indica origen (‘denota el punto, en tiempo o lugar, de que procede, se origina o ha de empezar a contarse una cosa, un hecho o una distancia’%